Conozcamos el cuento mágico de Escuela de Gigantes

Érase una vez una pequeña Cebra que soñaba con ser grande, crecer y crecer para poder cuidar la ciudad maravillosa. Esto lo compartía con su fiel compañera de vida, Rastallama. Cada noche, antes de dormir, le decía —deseo ser grande de corazón, grande de cuerpo y grande en mis acciones.

Cierto día, cansada de una larga jornada de voluntariado en las calles, la Cebra se va a la cama junto a su peluche Rastallama. Mientras la Cebra le cuenta un secreto, cierra lentamente los ojos y se queda dormida.

Es ahí que empieza a soñar con una puerta gigante en forma de arco que está hecha de plantas muy verdes, la entrada a un mundo nuevo. Al abrirse descubre que el guardián de esa tierra mágica es su Rastallama, que ahora mide 3 metros y a quien mira asombrada y fascinada.

La Cebra trata de preguntarle todas las dudas que le vienen a su cabeza, abre su boca pero no logra ordenar sus ideas. Con una sonrisa amable Rastallama le tiende su mano para que la siga, iniciando así una nueva aventura.

—Este lugar mágico guarda los misterios del mundo que hacen a los niños y niñas gigantes. Son tesoros secretos custodiados por criaturas mágicas que velan por una misión —se escucha de fondo.
Cebra y Rastallama inician el recorrido pasando entre árboles, frutos, plantas y flores gigantes. La Cebra admira cada una de las cosas. Es ahí donde encuentran un tronco viejo que les señala los diferentes caminos: Bosque Adentro, Valle de los Elfos, Caldero de la Bruja, Amanita del Gnomo, La Chacra del Ogro y El final del Arcoíris. Estos nombres van cambiando de posición, pues en esta tierra mágica no existe un orden para seguir los caminos de los tesoros, todo depende de lo que te pide tu intuición.

Primera parada: Bosque Adentro. El Hada es una criatura muy, muy pequeña, casi la más pequeña del universo. Ella se llama Yatiña, es muy sabia, sensible y constante. Lo que más valora es la honestidad, es fiel a sus conocimientos y leal a sus seres queridos. Siempre se emociona al recibir visitas en su hogar lleno de luces porque su misión es compartir lo extraordinario del Alimento Complementario Escolar. Yatiña sabe que después de compartir todos sus conocimientos tiene que descansar, entonces toca su quena mágica hasta que se apagan todas las luces.

Luego de visitar a Yatiña, Cebra y Rastallama aparecen en el bosque entre arbustos gigantes, se acercan a una reja de madera donde ven acelgas gigantes, zanahorias gigantes, apio, lechugas… todo gigante. Rastallama sopla el misterio que está colgado al lado de su corazón. Es así que una nube de polvo aparece un ogro.

—¿Quién es esta criatura tan pequeña de dos colores? —pregunta el ogro mirando a la cebrita.

—¿Has venido a conocer mis tesoros? ¿Esos que guardan el secreto de nuestra tierra? —continúa.

Uraqui es el nombre de este enorme personaje que cuida los huertos. Con fe y respeto a la naturaleza ve, día tras día, a sus verduras crecer en su hogar que fue nombrado como la Chacra del Ogro.

—Mis tesoros vienen de la Pachamama, la Madre Tierra, que protege las vitaminas y minerales antes de que se suban a las verduras para poder salir al sol —les cuenta.

—Lo más más máaaas importante de los huertos es tratar la tierra con amor, paciencia y respeto. Porque las verduras que crecen acá son las que nos hacen cada día más fuertes y grandes. —les cuenta Uraqui.

De repente un pequeño gnomo aparece caminando alegre con un bastón mágico cerca de la Chacra del Ogro. Al principio no nota a los nuevos visitantes, pero al verlos se detiene y sin decir una palabra, ágilmente arma su chiwiña, saca su Ekeko de la suerte y se sienta lentamente.

—Vengan, vengan, pasen, pasen, novedades tengo. —les dice Aljiri, quien recorre la tierra de extremo a extremos vendiendo el recreo saludable.

—Tengo una novedad —le dice a Rastallama, aunque siempre tiene novedades que no son nuevas. Aljiri es un vendedor por excelencia, que va por el mundo entero vendiendo el recreo saludable con ayuda de sus chullos mágicos de los que saca agua y frutas como manzanas, mandarinas, plátano e incluso, si tienes suerte, ensalada de fruta.

La Rastallama saca un misterio de su pelaje y lo intercambia por un gajo de mandarina que tiene el tamaño de una sandía entera. Entonces Aljiri muy contento se pone sus sombreros, guarda rápidamente su chiwiña y antes de marcharse a descansar, a su casa denominada la Amanita del Gnomo, mira el misterio y lo sopla mirando al sol.

Del misterio aparece una olla gigante en el que se ven bolsas de los empaques del Alimento Complementario Escolar. De donde poco a poco salen colores de los empaques hasta formar un arco iris que termina en otra olla que brilla intensamente.

De repente un pequeño duende sale de atrás de la primera olla saltando y haciendo piruetas. Es Chiti Larilari el más travieso de mundo mágico de Escuela de Gigantes. Chiti Larilari saca su escalera para alcanzar el borde del primer caldero y de su bolsa en forma de olla pequeña empieza a sacar empaques del Alimento Complementario Escolar para meterlos en la olla gigante. Al otro lado, al final del arco iris, el caldero gigante empieza a brillar aún más. El duende alegre baja rápidamente y corre hasta el final del arco iris de donde saca una silla reciclada.

Chiti Larilari tiene la misión de recorrer el arco iris desde una punta hasta el final, custodiando que el proceso de reciclaje no se salga de las líneas de colores. Cada día recoge los empaques del Alimento Complementario Escolar y los pone en las ollas mágicas para transformarlos en mobiliario escolar reciclado.

—¿Quieres saber la receta de esta silla mágica y maravillosa? Recojo los empaques del Alimento Complementario Escolar, le agrego una pizca de amor y cuidado y lo transformo en sillas y mesas que usan y cuidan los niños y niñas que son gigantes de corazón. Todo esto en mi adorado espacio conocido como el Final del Arcoiris —cuenta el pequeño duende.

Muy sorprendidos, Cebra y Rastallama siguen caminando hasta llegar al bosque más frondoso de este mundo.

—Bienvenidos a la Comarca de los Elfos, el lugar más pacífico de esta tierra, donde prima el balance entre cuerpo, alma y mente —escuchan la Cebra y Rastallama.

—Mi misión en este mundo es educar a todos los niños y niñas sobre la vida sana y actividad física. Por eso, yo, Chama, voy por cada rincón de esta tierra en busca de nuevas rutinas de ejercicio y alimentos saludables. Pero sobretodo busco paz y armonía en mi mente y cuerpo —les dice Chama el elfo a sus visitantes maravillados.

Entre los árboles se visualiza a un elfo pasando de árbol en árbol, salta hasta el piso, se descuelga su fina capa, la pone cuidadosamente en el piso y se sienta en posición de yoga. Abre un ojo y se da cuenta de que Cebra y Rastallama siguen paradas. Abre el otro ojo y les hace una señal para que se sitúen en la misma posición. La Cebra, rápidamente se pone en posición de loto y Rastallama, muy emocionada, se sienta torpemente haciendo temblar toda la tierra de gigantes.

—¿Qué estamos haciendo? —pregunta la Cebra —Estamos aprendiendo a respirar que es un paso fundamental para que nuestro cerebro funcione de manera adecuada y podamos aprender mejor —responde el elfo. Cebra y Rastallama asienten agradecidas por la información que les transmitió Chama.

—Tenemos que irnos, se nos hace tarde y aún nos queda un misterio —piensa la Rastallama mirando a la Cebra. Saca otro de sus misterios, lo sopla y aparece ante un caldero gigante con mucho humo de colores.

—Phukhuni, esos no son los ingredientes para la pócima de la eterna juventud. El secreto está en tener buenos hábitos alimenticios —le dice una Illa a la bruja que se ve vieja, pero cuenta la leyenda en realidad es joven. Phukhuni en su corta vida se ha alimentado mal y por fin se dio cuenta que tiene que mejorar su manera de comer, pero todavía no sabe qué alimentos son buenos para su salud.

—¿De qué estás hablando? —le responde la bruja a la Illa —Yo sé que hoy encontraré la pócima de la eternidad y la salud. Hoy mezclaré dos pedazos de pizza, media tucumana, una pizca… o mejor dos de refresco y unas cuantas papas fritas para darle sabor y verás cómo me hago joven y más linda que tú.

—Phukhuni —dice la Illa preocupada —has pasado años y años mezclando comida chatarra, ¿Por qué no intentas combinar comida saludable? Frutas, verduras y sobretodo ¡Agua! Eso sí que te mantendría joven —aconseja la Illa Uniña, tratando de cuidar a su obstinada mejor amiga bruja.

Esta historia se repite días tras día, en el Caldero de la Bruja, pues Phukhuni en su ingenuidad e inocencia no conoce qué alimentos le hacen bien y mejoran su salud. Pero Uniña, la Illa sabia como ninguna, la acompañará perseverantemente hasta que mejore sus hábitos alimenticios nutricionales.

Inesperadamente suena un timbre a lo lejos y se escuchan voces de niños. En aquel momento aparecen niños y niñas gigantes caminando por la tierra de gigantes. Fue ahí que la Cebra se dio cuenta de que todo este tiempo estuvo en una Escuela de gigantes. Donde los niños y niñas han sido educados para la vida, donde se quieren tanto que se cuidan entre ellos, creciendo por dentro y por fuera.